El 5 de Abril

Enviado por Víctor Paredes ... el Vie, 06/04/2012 - 20:05.
Hoy es 5 de abril. Y no tendría nada de raro si no lo ligáramos al acontecer político del Perú. Nunca tuve motivación alguna para escribir mi opinión sobre este hecho, salvo en aquella oportunidad en que fui, junto a otros ministros, enjuiciado por una supuesta participación en los sucesos de este día de 1992, por todos conocidos.
 
En ese entonces, a diferencia de mis entonces colegas ministros y sus abogados, hice una exposición en la estación de mi Defensa Material, un enfoque completamente político del asunto. Estaba convencido que, a diferencia de otros casos, la decisión del ex presidente Fujimori de cerrar temporalmente el Congreso de la República tenía que ser evaluado desde esta óptica, antes que la de un delito común. Jamás supe de este propósito, aun cuando todos destacaban mi amistad y acercamiento al ex Presidente. Al igual que la mayoría de ministros, me enteré el mismo día de lo que él había decido hacer.
 
Todos los años me servían para recordar este incidente del 5 de abril, pero a la vez, también lo era para comprobar cómo los políticos tradicionales de toda clase, analistas y comentaristas políticos, los periodistas (incluido los “mermeleros”), etc., año tras año, lo único que destacaban era la parte oscura de esta decisión presidencial. Este año, no ha sido la excepción. De allí, mi interés de escribir la presente nota.
 
autogolpe del 5 de Abril
 
Para aquéllos personajes, sólo ha habido memoria para destacar el atropello a la Constitución, la toma y cierre del Congreso, la destitución de jueces y fiscales, las detenciones, graficadas como secuestros, entre otros actos. Para ellos, aparentemente el Perú, vivía una vida social y económica llevadera. Un ambiente democrático que, con buenas intenciones gubernamentales, era suficiente para enfrentar la subversión y sacar al país del subdesarrollo. El nivel del terrorismo y el narcoterrorismo imperante, como instrumentos de temor, chantaje y amenazas, no eran elementos por los cuales el país tenía por qué preocuparse.
 
Para muchos, un lado de la memoria había cubierto las imágenes de todos los días de entonces. Cárceles que impunemente mostraban cómo las huestes senderistas hacían y deshacían dentro de ellas. Perros colgados en las calles como signo de terror. Voladuras de torres eléctricas a diario. Apagones con frecuencia. Asesinatos por doquier, prácticamente a lo largo y ancho del país, de todos cuanto se oponían a plegarse a esa secta genocida: hombres, mujeres y hasta inocentes niños, asesinados so pretexto no sólo de dejar el mensaje claro, sino de impedir que sean potenciales adversarios por venganza. Ni qué decir de los coches-bombas en la ciudad, cuyo mayor emblema trágico es  la calle Tarata, en Miraflores.
 
senderistas en castro castro                         sendero y perros colgados
                                                                                                   
              coche bomba         tarata al dia siguiente
                 
Para los que no se cansan de condenar el 5 de abril, todo esto `no existió´. Y si es aceptado, lo es únicamente como una coyuntura que no puede justificarse con la actitud tomada por el entonces gobierno. Según esta postura, al senderismo había que aplicársele sólo la ley, había que aplicarle la justicia, había que dialogar,  porque así lo establece la democracia.
 
Durante mi exposición en la etapa de Defensa Material ante el tribunal supremo que nos juzgó durante 6 largos años, inicialmente presidido por el hoy presidente de la Corte Suprema Dr. José San Martín y luego por el Dr. José Lecaros, y finalmente absueltos por el tribunal supremo presidido por el Dr. Duberlí Rodríguez Tineo, al igual que siempre, jamás defendí el 5 de abril. Pero tampoco lo denosté. Después de todo, venía de constituir el gabinete ministerial anterior y luego acepté seguir siendo parte de él. En este sentido, expuse mis razones mostrando mi conducta coherente dentro del marco político, como correspondía. Entre éstas, sólo menciono tres importantes para mí: 1) El haber desempeñado la presidencia de la cámara de diputados en 1990, y conocido la intencionalidad política inmediatamente después de las elecciones; 2) El haber viajado en mi condición de ministro de salud entre 1991-1993 por todo el país y haber conocido la realidad socio-económica imperante; y 3) El haber recibido la anuencia de mi familia, a quienes consulté, después que mi primogénito, entonces estudiante de antropología en la nada menos subversiva facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en esos años, me asegurara que no corría ningún peligro personal ni académico.
 
No tengo el propósito de argumentar sobre mi defensa personal, pues considero que tengo suficientes razones para demostrar lo que aquí afirmo, pero sí sostener públicamente, por primera vez: El 5 de abril fue una decisión dolorosa, pero necesaria. Argumentos, los hay. Sí, lo reitero. Dolorosa pero necesaria. Tan fue así que el pueblo peruano lo entendió y apoyó plenamente.
 
Los peruanos no podemos olvidar que el senderismo apareció el 17 de mayo de 1980, con la quema de las urnas en la localidad de Chuschi (Ayacucho). Que tuvieron que pasar diez años y dos gobiernos, AP y el APRA, sin hacer nada nada por impedirlo. Sendero Luminoso no apareció en 1990. En este año, el Perú era un país poco menos que un apestado ante la comunidad internacional. Económicamente era un desastre. Ni qué decir de la inseguridad a nivel nacional. Y la posibilidad de revertir esa situación era imposible por los métodos democráticos tradicionales.
 
Muchos olvidan ahora que Sendero luminoso cada día se acercaba a la capital, aplicando su lema `del campo a la ciudad´. Olvidan fácilmente su asociación con el narcotráfico, existente aún hoy en una funesta alianza narco-terrorista.
 
sendero luminoso                                   mapa del narcotrafico
 
A mi entender, la gran equivocación que se viene cometiendo es no querer distinguir los hechos y los tiempos. Y presentar `interesadamente´ dos etapas muy distintas como si se tratara de una sola. Una, la lucha contra el terrorismo y la hiperinflación. Cuando el partido de gobierno Cambio 90, entre 1990 y 1993, con gente comprometida, logra objetivos concretos: prácticamente derrotar el terrorismo con la captura de Abimael Guzmán, y con ello, la pacificación; la estabilidad y la reinserción económica en la comunidad internacional; y la otra, el inicio de un gobierno autoritario y corrupto, a partir de 1994-1995, con la alianza Cambio 90-Nueva Mayoría. Teniendo al siniestro y delincuente Vladimiro Montesinos, como el principal director de orquesta.
 
Con este gobierno denominado fujimontesinista, definitivamente que todos los argumentos esgrimidos por el propio Fujimori en su mensaje a la nación, el 5 de abril de 1992, y que fueron una de las razones para aceptar nuevamente la invitación del presidente a continuar en el gabinete, cayeron en saco roto, y que dieron lugar a lo que hoy, muchos políticos, analistas y periodistas detractores, con mucha razón, señalan como el inicio de un pragmatismo nefasto y criminal en la política nacional.
 
Creo tener la autoridad moral suficiente, como lo sostuve ante los tribunales en su momento, para señalar y calificar los hechos objetivamente. Y la mejor prueba de ello, es que me retiré del gobierno en agosto de 1993, y renuncié al partido Cambio 90, en junio de 1994. Es decir, en pleno apogeo y gloria del régimen fujimorista, rechazando ofrecimientos de cargos en el exterior y no volviendo a ocupar puesto alguno en la administración pública, hasta el día de hoy.
 
Sin embargo, si pidieran mi opinión sobre la culpabilidad del ex – presidente Fujimori, sin ninguna duda, tal como se lo dije en una oportunidad al Dr. Carlos Iván Degregori, mi respuesta sería: Es inocente por todo lo actuado contra el terrorismo, pero culpable por haber admitido y permitido co-gobernar con la mafia y la corrupción. Es decir, insisto, es válido y justo separar los hechos y los tiempos.

 

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